Para una rubia extraordinaria que toma clase de didáctica del teatro antes que yo.
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¿Si era titilante su fulgor? Lo creo.
Aquella, una dama extraordinaria fue.
¡Pero necedad mía! Si vive, es.
Desde la tarde más verde: embeleso.
Y tal color pertenece no a envidia
sino a la más candorosa esperanza,
ya que el matiz era rojizo, admito,
sin embargo, verla cambia el mundo.
Mente que de su imagen no se aparta,
ésa, la mía, en absoluto abrumada,
aturdida, confusa e inspirada está,
crédula ahora de obras divinas,
particularmente las saturnales,
pues sólo el fruto natural daría,
desde mi febril e inocente creencia,
una belleza tan capaz de flipar,
sin tener misión o propósito,
el más impío de los corazones.
¡Mis plegarias escuchadas! ¡Saturno!
Así ha respondido finalmente:
en forma más majestuosa y sublime;
con la más hermosa y sensualísima;
y me dice: "¡Vive, respira y sueña!",
pues el simple hecho de verla, inyecta,
con este modo asaz inesperado,
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