miércoles, 6 de junio de 2012

La cultura como vía para la inferioridad de la mujer en el inconsciente social.

Tratar de modificar la cultura es una labor casi imposible cuando se habla de lo inconsciente. Aún así es posible lograr que esto cambie si una situación está compuesta por una serie de coincidencias cuyas respectivas causalidades propicien la circustancia del cambio conciente de las actividades humanas. Si bien Lacan afirma que es en el lenguaje donde cada quien adopta lo simbólico y el posicionamiento de cada humano, habría qué pensar hasta qué punto lo hace.

Es un hecho que la comunicación propicia toda actividad social humana y que sin el lenguaje, muy difícilmente los humanos podrían interactuar, no obstante ¿en qué punto depende el lenguaje de toda la estructura cultural que existe detrás de su utilización? La respuesta no puede variar: su dependencia es absoluta.

En cuanto al posicionamiento, es irremediable adoptar ciertos aspectos de lo simbólico puesto que los hombres y las mujeres hablan de sí mismos como género. Unos dicen <<estoy solo>>; otras dicen <<estoy sola>>. Así pues nadie escapa de concebirse como miembro de la dicotomía entre genders, a pesar de ello, la identificación que surge a partir de este posicionamiento la define la cultura.

Nuestra cultura occidental impone a las mujeres leyes, modelos y arquetipos esencialmente masculinos [...]. En este mundo, la mujer es en esencia culpable de valerse de su seducción para tentar al hombre. (Skittecate, 1995)

Con esto, la francesa busca delimitar la opresión que existe sobre la mujer a partir de la cultura debido a la existencia de un inconsciente patriarcal que se fue desarrollando a partir de causas ajenas a la existencia de una religión. En un principio el ser humano sólo vivía animalmente, pero conforme comenzó a surgir en él una psiqué atravesó una barrera que lo llevó a la delgada línea de la mente humana que es capaz de distinguir entre lo racional y la superchería barata.

Es un hecho que como Freud (1915) lo menciona, en "El inconsciente" que lo que uno no quiere hacer consciente de sí mismo tiende a interpretarlo y hacerlo consciente a partir de la de otros. Si bien es necesidad de muchos recibir la atención de los demás para mantener cierto nivel de satisfacción que les permita existir, de un modo consciente se inventó la religión. Con exageraciones típicas de quien presume su fanatismo como una deforme manera de ganar atención, ésta tomo múltiples formas. Por razones políticas, el cristianismo es la más famosa de todas, en su arista católica particularmente debido al dominio español cuando se descubrió el nuevo mundo.

Estando con un Jehová, Abrahám o Moisés como padres castradores, la mujer asimiló en su identificación un imaginario colectivo relacionado con la inferioridad de ser la culpable de la desgracia humana.

Las grandes diosas-madres de los cultos primitivos, fuentes de vida y muerte, suponiendo que hayan existido alguna vez, cedieron rápidamente su lugar a los dioses masculinos: el falo no tardó en suplantar a la vulva de Baubo. (Skittecate, 1995)

El absurdo de toda la teoria freudiana con respecto de la mujer yace en decir que la mujer se siente culpable porque su cuerpo es capaz de provocar al falo, que no le pertenece sino que es del otro. Con esto no digo que Freud estuviese equivocado, sino que su descripción de lo inconsciente femenino se construye a partir de una tontería que tiene acción en la realidad.

Con la colaboración de la religión de una mujer culpable del destierro se asentaron las bases de diferencias y se comenzó a establecer una realidad de dimensiones del gender. El gender es el tipo de comportamientos que un humano asimila de acuerdo a lo que la cultura ha determinado como propio de uno u otro sexo.

A la mujer le correspondía, según la cultura: ser pasiva, hermosa, deseable, protectora, amorosa, virginal y tranquila. A los hombres ser más temerarios, competitivos, fuertes y exigentes. Es por eso que Fromm en Lo inconsciente social distingue a los ídolos paterno [aquél que exige para brindar recompensas] y el materno [que brinda recompensas sin merecerlas]. Por supuesto que todo esto no es más que una hipocresía  social en busca de mantener un status quo causa de la estereotipación de cada gender.

Pero todo esto llevó a la mujer a enfermar su mente y a estropearle la adolescencia a la inmensa mayoría de las féminas a lo largo de la historia.

Con una religión que asegura que la mujer es culpable de su tragedia terrenal, el inconsciente social sentenció la sentenció a servir platos, cocinar y procurar al hombre todos los cuidados necesarios para satisfacerlo y consentirlo mientras a ella le correspondía quedar encerrada haciendo labores sin descanso.

Desde niña, a la mujer se le educó por siglos para convertirse en servidumbre del marido e hijos. Además de todo, la niña es considerada como delicada y se le permite exhibir su debilidad como inmanente de sí, algo que al varón no se le permite. Así pues, la niña crece sin sentirse del todo identificada con alguien en lo físico. La madre posee un par de pechos y una cadera prominentes en comparación de ella; su padre es alto, fuerte y con voz gruesa.

La niña se desespera por no existir ante los ojos de nadie, pues todo mundo la quiere como persona, pero nadie la considera como sexuada, y su vida es así tan chata como su cuerpo. (Olivier, 1980)

Así pues las niñas se mantienen en la nada. Dan a todos todo y sólo la madre cuida de ella en lo afectivo. De vez en vez el padre la cuida, pero en un hogar común, el padre siempre está ausente, y en épocas actuales incluso ambos están ausentes. Después, en la adolescencia, el cuerpo femenino comienza a tomar formas y es entonces que la niña puede sentir vergüenza de su cuerpo o aprovechar aquello que estuvo esperando desde siempre para dejar de ser sólo una personita sin encanto y transformarse en también un objeto deseable.

La educación de las mujeres está llena de contradicciones que sólo no afectan su mente hasta la edad adulta porque la amaestraron para obedecer. Se manifiesta entonces la opresión patriarcal y se busca reprimir el sexo de la joven mujer o se le deja ser libre sin restricción.

En una primera época, se le impide vivir su sexualidad de niña para que sea un "angelito". ¿Qué hace un ángel? Vivir en lo alto, muy en lo alto, allá en el cielo, solamente en espíritu;y así encontramos a la niña en el ámbito de la sublimación (Olivier, 1980)

Y todo esto más tarde termina afectando a la mujer, pues en su educación ha carecido del conocimiento necesario de su cuerpo y por ende de su placer. De ser un "ángel" que habita en la prohibición pasa a verse como un ser capaz de despertar afecto en el otro sólo por su aspecto, pero al no conocer ni asumir su papel ante su propio placer, le entrega al hombre la responsabilidad de descubrir su placer. El hombre toma la encomienda irresponsablemente y le niega a la mujer el derecho de reconocer cuál es la fuente de su placer.

Las necesidades del cuerpo no satisfechas originan una tensión cuyo alivio produce satisfacción. La necesidad misma es la base de la satisfacción. Los deseos irracionales, en un sentido distinto, también radican en deficiencias. Son la ansiedad e inseguridad de una persona as que la inducen a odiar, envidiar o someter a otra; el placer derivado del cumplimiento de estos deseos inmoderados radica en la carencia fundamental de productividad. (Fromm, 1947)
 Si tanto la cultura en su educación e identificación llevan a la mujer a perder su verdadera identidad, esto significa que se deshumaniza al estar alienada por el mito de la castración, la prohibición; y la enajenaciòn que sufre por el estereotipo inconsciente de gender que la sociedad le impone desde lo imaginario y lo simbólico, por tanto es concebida como inferior del hombre e incluso como un objeto.

Esto sucedió cuando la sociedad patriarcal comenzó a hablar por la mujer desde hace varios siglos consolidando a la mujer como servil y muda, en lugar de otro ser humano más en coexistencia.

sábado, 2 de junio de 2012

Las semejanzas entre sexos como catalizador para la inferioridad de la mujer en el inconsciente social.

Si bien he dado con anterioridad un bosquejo referente a las diferencias anatómicas que propiciaron que la inferioridad femenina se gestara a lo largo de la historia de la cultura <<occidental>>, es asaz importante que se le dé un vistazo también a las semejanzas que son evidentes y que posterior a cada asunción de diferencia se manifestaron en la consciencia masculina y por medio de la educación familiar se conjuntaron más tarde en el inconsciente social como la manifestación de lo que ahora se llama gender. En español las palabras no ayudan, así que usaré dicho término instead de género.

Las semejanzas entre hombres y mujeres son bastante obvias como para profundizar demasiado en ellas, mas por los fines de este escrito he de mencionarlas someramente: extremidades inferiores, superiores [también afectadas por diferencias relativas a la masa muscular respectiva de la mayoría de cada sexo], pezones y cabello.

Dichas semejanzas van a sufrir cierto impacto en el posterior desarrollo de conductas sociales, para esclarecerlo, iré de una en una.

Las extremidades inferiores, las piernas, tienen ciertas diferencias entre sexos. En los hombres, las piernas tienen una musculatura mayormente desarrollada, lo cual da volumen particularmente arriba de las rodillas y en las pantorrillas. Las piernas de las mujeres, es observable que son más rectas debido a que realizan un esfuerzo  más constante pero en distancias cortas. Por supuesto esto refiere a lo que pasa en la humanidad primitiva. Hombres que corren y ejercitan sus piernas en una especie de rutinas que les producen más fortaleza en las extremidades inferiores y mujeres que caminan de un lado a otro haciendo muchas actividades de poco esfuerzo pero más constante sólo le quita grasa a su cuerpo pero no lo daña lo suficiente como para, que al ingerir proteínas, éste desarrolle músculo.

Misma situación es la de las extremidades superiores que consigo llevan al desarrollo de la espalda. Sin embargo, conforme se fueron atravesando los siglos, las actividades fueron cambiando debido a la tecnología desarrollada hasta que el esfuerzo no fue tan desgastante y la caza desapareció como una actividad común. El cuerpo de los hombres se volvió más débil y el de las mujeres se fortaleció. Dicho cambio resultado de la vida feudal propició que la mayoría de las mujeres se dedicaran a actividades más pesadas que en el pasado. Ahora su esfuerzo era constante y mayor. Los hombres hacían mayor uso de las tecnologías de aquellos tiempos y su esfuerzo se redujo. Las formas más <<cuadradas>> de los hombres se aligeraron y las mujeres desarrollaron más las formas que desde aquellos tiempos las han hecho deseables más allá de una necesidad biológica.

Los pezones conjuntados con los pechos son un símbolo de la mujer desde que ésta existe. Si los hombres que daban provecho a las tecnologías se esforzaban menos, sus formas lucían más humanas y <<menos animales>>, sin embargo aquellos que gozaban de la bebida y la reunión extra-casa engordaban, y el almacenamiento de grasa producía cúmulos en partes del cuerpo como el abdomen o los pectorales.  También el uso de la manteca nos brindó de gordura que el ejercicio de la faena diaria logró acomodar para mantener las formas y dar lugar a las <<gordibuenas>> y gorditos simpáticos. Tenían grasa de más pero conservaban las formas respectivas de su gender. 


El cabello atravesó por otro proceso. En la comunidad primitiva estar en la caza implicaba ser ágil, presto para actuar y evadir todo estorbo para no perder la vida. Un estorbo era el cabello, que con el sudor impedían la vista, por lo que los hombres comenzaron a amarrarse el cabello y después lo cortaron. Las mujeres en pacífica existencia no necesitaban alterar su cabellera. Después se hizo requisito social cortarse el cabello, provocando una diferencia notable a partir de una semejanza que entró más tarde a formar parte del inconsciente social. Incluso en la contemporaneidad se dice que un hombre se ve más varonil con el cabello corto y una mujer más femenina con el cabello largo.

Tanto las formas no acordes a cada gender, como la ausencia de pechos prominentes en hombres, ausencia de éstos en mujeres, a la par que la longitud del cabello se convirtieron en semejanzas que en la interacción y por acto de lo inconsciente social terminaron por afectar la imagen de cada sexo. En lo más común, la búsqueda de mantener tal diferenciación escasa de vigencia se manifestó en modos de carácter misógino.

Al hombre con brazos carentes de musculatura se le dice que tiene <<brazos de nena>>; a la mujer sin pechos voluminosos que su torso <<parece de niño>>; al hombre gordo <<que tiene tetas>>; al hombre de cabello largo se le dice que <<parece vieja>>. Buscar diferenciar los sexos aunque las formas de ellos puedan llegar a ser muy parecidas generó que las conductas misóginas se desarrollaran e incluso que la mujer también las manifestara.

Consecuencias de este tipo de diferenciaciones absurdas fue el hecho de que a las mujeres se les permitieran conductas infantiles incluso en edades maduras, tales como llorar y su constante expresión de necesidad de contacto físico. Con un cuerpo supuestamente más fuerte, el hombre debía manifestar tener una personalidad libre de debilidades o se le llamaba <<afeminado>>. Así, se desarrolló la inferioridad de la mujer como un humano débil en todo sentido cuya paga por ser protegida consistía en ser entretenida, atenta y complaciente.

Además, esto mismo afectó incluso la manera en que se disfrutaban los placeres. Todo lo fálico se asumió como viril y se cayó en el error de creer que el placer sexual compartido entre un hombre y una mujer constaba en meter el pene en alguno de los orificios de la mujer. Se tenía una falsa de dicotomía: el hombre mete; la mujer recibe. Con el tiempo y a relatividad de la apertura de cada humano en lo individual se descubrió que los masajes y el papel del clítoris es importante durante el acto sexual.

El clítoris estuvo mucho tiempo en el olvido por ser considerado como un ente masculino dentro de un cuerpo femenino. El hombre lo veía y lo evadía para evitar proyectar una fantasía homosexual. Algo que en el asociacionismo se explica, pero en lo humano no tiene cabida porque no se trata de tener o no tener, cuando el placer está involucrado.