Si bien he dado con anterioridad un bosquejo referente a las diferencias anatómicas que propiciaron que la inferioridad femenina se gestara a lo largo de la historia de la cultura <<occidental>>, es asaz importante que se le dé un vistazo también a las semejanzas que son evidentes y que posterior a cada asunción de diferencia se manifestaron en la consciencia masculina y por medio de la educación familiar se conjuntaron más tarde en el inconsciente social como la manifestación de lo que ahora se llama gender. En español las palabras no ayudan, así que usaré dicho término instead de género.
Las semejanzas entre hombres y mujeres son bastante obvias como para profundizar demasiado en ellas, mas por los fines de este escrito he de mencionarlas someramente: extremidades inferiores, superiores [también afectadas por diferencias relativas a la masa muscular respectiva de la mayoría de cada sexo], pezones y cabello.
Dichas semejanzas van a sufrir cierto impacto en el posterior desarrollo de conductas sociales, para esclarecerlo, iré de una en una.
Las extremidades inferiores, las piernas, tienen ciertas diferencias entre sexos. En los hombres, las piernas tienen una musculatura mayormente desarrollada, lo cual da volumen particularmente arriba de las rodillas y en las pantorrillas. Las piernas de las mujeres, es observable que son más rectas debido a que realizan un esfuerzo más constante pero en distancias cortas. Por supuesto esto refiere a lo que pasa en la humanidad primitiva. Hombres que corren y ejercitan sus piernas en una especie de rutinas que les producen más fortaleza en las extremidades inferiores y mujeres que caminan de un lado a otro haciendo muchas actividades de poco esfuerzo pero más constante sólo le quita grasa a su cuerpo pero no lo daña lo suficiente como para, que al ingerir proteínas, éste desarrolle músculo.
Misma situación es la de las extremidades superiores que consigo llevan al desarrollo de la espalda. Sin embargo, conforme se fueron atravesando los siglos, las actividades fueron cambiando debido a la tecnología desarrollada hasta que el esfuerzo no fue tan desgastante y la caza desapareció como una actividad común. El cuerpo de los hombres se volvió más débil y el de las mujeres se fortaleció. Dicho cambio resultado de la vida feudal propició que la mayoría de las mujeres se dedicaran a actividades más pesadas que en el pasado. Ahora su esfuerzo era constante y mayor. Los hombres hacían mayor uso de las tecnologías de aquellos tiempos y su esfuerzo se redujo. Las formas más <<cuadradas>> de los hombres se aligeraron y las mujeres desarrollaron más las formas que desde aquellos tiempos las han hecho deseables más allá de una necesidad biológica.
Los pezones conjuntados con los pechos son un símbolo de la mujer desde que ésta existe. Si los hombres que daban provecho a las tecnologías se esforzaban menos, sus formas lucían más humanas y <<menos animales>>, sin embargo aquellos que gozaban de la bebida y la reunión extra-casa engordaban, y el almacenamiento de grasa producía cúmulos en partes del cuerpo como el abdomen o los pectorales. También el uso de la manteca nos brindó de gordura que el ejercicio de la faena diaria logró acomodar para mantener las formas y dar lugar a las <<gordibuenas>> y gorditos simpáticos. Tenían grasa de más pero conservaban las formas respectivas de su gender.
El cabello atravesó por otro proceso. En la comunidad primitiva estar en la caza implicaba ser ágil, presto para actuar y evadir todo estorbo para no perder la vida. Un estorbo era el cabello, que con el sudor impedían la vista, por lo que los hombres comenzaron a amarrarse el cabello y después lo cortaron. Las mujeres en pacífica existencia no necesitaban alterar su cabellera. Después se hizo requisito social cortarse el cabello, provocando una diferencia notable a partir de una semejanza que entró más tarde a formar parte del inconsciente social. Incluso en la contemporaneidad se dice que un hombre se ve más varonil con el cabello corto y una mujer más femenina con el cabello largo.
Tanto las formas no acordes a cada gender, como la ausencia de pechos prominentes en hombres, ausencia de éstos en mujeres, a la par que la longitud del cabello se convirtieron en semejanzas que en la interacción y por acto de lo inconsciente social terminaron por afectar la imagen de cada sexo. En lo más común, la búsqueda de mantener tal diferenciación escasa de vigencia se manifestó en modos de carácter misógino.
Al hombre con brazos carentes de musculatura se le dice que tiene <<brazos de nena>>; a la mujer sin pechos voluminosos que su torso <<parece de niño>>; al hombre gordo <<que tiene tetas>>; al hombre de cabello largo se le dice que <<parece vieja>>. Buscar diferenciar los sexos aunque las formas de ellos puedan llegar a ser muy parecidas generó que las conductas misóginas se desarrollaran e incluso que la mujer también las manifestara.
Consecuencias de este tipo de diferenciaciones absurdas fue el hecho de que a las mujeres se les permitieran conductas infantiles incluso en edades maduras, tales como llorar y su constante expresión de necesidad de contacto físico. Con un cuerpo supuestamente más fuerte, el hombre debía manifestar tener una personalidad libre de debilidades o se le llamaba <<afeminado>>. Así, se desarrolló la inferioridad de la mujer como un humano débil en todo sentido cuya paga por ser protegida consistía en ser entretenida, atenta y complaciente.
Además, esto mismo afectó incluso la manera en que se disfrutaban los placeres. Todo lo fálico se asumió como viril y se cayó en el error de creer que el placer sexual compartido entre un hombre y una mujer constaba en meter el pene en alguno de los orificios de la mujer. Se tenía una falsa de dicotomía: el hombre mete; la mujer recibe. Con el tiempo y a relatividad de la apertura de cada humano en lo individual se descubrió que los masajes y el papel del clítoris es importante durante el acto sexual.
El clítoris estuvo mucho tiempo en el olvido por ser considerado como un ente masculino dentro de un cuerpo femenino. El hombre lo veía y lo evadía para evitar proyectar una fantasía homosexual. Algo que en el asociacionismo se explica, pero en lo humano no tiene cabida porque no se trata de tener o no tener, cuando el placer está involucrado.

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