Es un hecho que la comunicación propicia toda actividad social humana y que sin el lenguaje, muy difícilmente los humanos podrían interactuar, no obstante ¿en qué punto depende el lenguaje de toda la estructura cultural que existe detrás de su utilización? La respuesta no puede variar: su dependencia es absoluta.
En cuanto al posicionamiento, es irremediable adoptar ciertos aspectos de lo simbólico puesto que los hombres y las mujeres hablan de sí mismos como género. Unos dicen <<estoy solo>>; otras dicen <<estoy sola>>. Así pues nadie escapa de concebirse como miembro de la dicotomía entre genders, a pesar de ello, la identificación que surge a partir de este posicionamiento la define la cultura.
Nuestra cultura occidental impone a las mujeres leyes, modelos y arquetipos esencialmente masculinos [...]. En este mundo, la mujer es en esencia culpable de valerse de su seducción para tentar al hombre. (Skittecate, 1995)
Con esto, la francesa busca delimitar la opresión que existe sobre la mujer a partir de la cultura debido a la existencia de un inconsciente patriarcal que se fue desarrollando a partir de causas ajenas a la existencia de una religión. En un principio el ser humano sólo vivía animalmente, pero conforme comenzó a surgir en él una psiqué atravesó una barrera que lo llevó a la delgada línea de la mente humana que es capaz de distinguir entre lo racional y la superchería barata.
Es un hecho que como Freud (1915) lo menciona, en "El inconsciente" que lo que uno no quiere hacer consciente de sí mismo tiende a interpretarlo y hacerlo consciente a partir de la de otros. Si bien es necesidad de muchos recibir la atención de los demás para mantener cierto nivel de satisfacción que les permita existir, de un modo consciente se inventó la religión. Con exageraciones típicas de quien presume su fanatismo como una deforme manera de ganar atención, ésta tomo múltiples formas. Por razones políticas, el cristianismo es la más famosa de todas, en su arista católica particularmente debido al dominio español cuando se descubrió el nuevo mundo.
Estando con un Jehová, Abrahám o Moisés como padres castradores, la mujer asimiló en su identificación un imaginario colectivo relacionado con la inferioridad de ser la culpable de la desgracia humana.
Las grandes diosas-madres de los cultos primitivos, fuentes de vida y muerte, suponiendo que hayan existido alguna vez, cedieron rápidamente su lugar a los dioses masculinos: el falo no tardó en suplantar a la vulva de Baubo. (Skittecate, 1995)
El absurdo de toda la teoria freudiana con respecto de la mujer yace en decir que la mujer se siente culpable porque su cuerpo es capaz de provocar al falo, que no le pertenece sino que es del otro. Con esto no digo que Freud estuviese equivocado, sino que su descripción de lo inconsciente femenino se construye a partir de una tontería que tiene acción en la realidad.
Con la colaboración de la religión de una mujer culpable del destierro se asentaron las bases de diferencias y se comenzó a establecer una realidad de dimensiones del gender. El gender es el tipo de comportamientos que un humano asimila de acuerdo a lo que la cultura ha determinado como propio de uno u otro sexo.
A la mujer le correspondía, según la cultura: ser pasiva, hermosa, deseable, protectora, amorosa, virginal y tranquila. A los hombres ser más temerarios, competitivos, fuertes y exigentes. Es por eso que Fromm en Lo inconsciente social distingue a los ídolos paterno [aquél que exige para brindar recompensas] y el materno [que brinda recompensas sin merecerlas]. Por supuesto que todo esto no es más que una hipocresía social en busca de mantener un status quo causa de la estereotipación de cada gender.
Pero todo esto llevó a la mujer a enfermar su mente y a estropearle la adolescencia a la inmensa mayoría de las féminas a lo largo de la historia.
Con una religión que asegura que la mujer es culpable de su tragedia terrenal, el inconsciente social sentenció la sentenció a servir platos, cocinar y procurar al hombre todos los cuidados necesarios para satisfacerlo y consentirlo mientras a ella le correspondía quedar encerrada haciendo labores sin descanso.
Desde niña, a la mujer se le educó por siglos para convertirse en servidumbre del marido e hijos. Además de todo, la niña es considerada como delicada y se le permite exhibir su debilidad como inmanente de sí, algo que al varón no se le permite. Así pues, la niña crece sin sentirse del todo identificada con alguien en lo físico. La madre posee un par de pechos y una cadera prominentes en comparación de ella; su padre es alto, fuerte y con voz gruesa.
La niña se desespera por no existir ante los ojos de nadie, pues todo mundo la quiere como persona, pero nadie la considera como sexuada, y su vida es así tan chata como su cuerpo. (Olivier, 1980)
Así pues las niñas se mantienen en la nada. Dan a todos todo y sólo la madre cuida de ella en lo afectivo. De vez en vez el padre la cuida, pero en un hogar común, el padre siempre está ausente, y en épocas actuales incluso ambos están ausentes. Después, en la adolescencia, el cuerpo femenino comienza a tomar formas y es entonces que la niña puede sentir vergüenza de su cuerpo o aprovechar aquello que estuvo esperando desde siempre para dejar de ser sólo una personita sin encanto y transformarse en también un objeto deseable.
La educación de las mujeres está llena de contradicciones que sólo no afectan su mente hasta la edad adulta porque la amaestraron para obedecer. Se manifiesta entonces la opresión patriarcal y se busca reprimir el sexo de la joven mujer o se le deja ser libre sin restricción.
En una primera época, se le impide vivir su sexualidad de niña para que sea un "angelito". ¿Qué hace un ángel? Vivir en lo alto, muy en lo alto, allá en el cielo, solamente en espíritu;y así encontramos a la niña en el ámbito de la sublimación (Olivier, 1980)
Y todo esto más tarde termina afectando a la mujer, pues en su educación ha carecido del conocimiento necesario de su cuerpo y por ende de su placer. De ser un "ángel" que habita en la prohibición pasa a verse como un ser capaz de despertar afecto en el otro sólo por su aspecto, pero al no conocer ni asumir su papel ante su propio placer, le entrega al hombre la responsabilidad de descubrir su placer. El hombre toma la encomienda irresponsablemente y le niega a la mujer el derecho de reconocer cuál es la fuente de su placer.
Las necesidades del cuerpo no satisfechas originan una tensión cuyo alivio produce satisfacción. La necesidad misma es la base de la satisfacción. Los deseos irracionales, en un sentido distinto, también radican en deficiencias. Son la ansiedad e inseguridad de una persona as que la inducen a odiar, envidiar o someter a otra; el placer derivado del cumplimiento de estos deseos inmoderados radica en la carencia fundamental de productividad. (Fromm, 1947)Si tanto la cultura en su educación e identificación llevan a la mujer a perder su verdadera identidad, esto significa que se deshumaniza al estar alienada por el mito de la castración, la prohibición; y la enajenaciòn que sufre por el estereotipo inconsciente de gender que la sociedad le impone desde lo imaginario y lo simbólico, por tanto es concebida como inferior del hombre e incluso como un objeto.
Esto sucedió cuando la sociedad patriarcal comenzó a hablar por la mujer desde hace varios siglos consolidando a la mujer como servil y muda, en lugar de otro ser humano más en coexistencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario