Cuando amamos a una pareja, se cree que ésta devuelve el sentimiento con una intensidad semejante, pero tal suposición sólo tiene sustento en nuestra cabeza. Y aunque el cariño sea recíproco, jamás podremos saber cuánto queremos a una persona o cuánto nos quiere. Lo estimamos, lo imaginamos. Imaginamos para no sentirnos desprotegidos en un mundo repleto de incertidumbre. Nadie la tolera. ¿Quién es capaz de reconocer todo el tiempo que sólo sabe que nada es cierto?
La frase "sólo se que no sé nada" es absurda, pues hay una certeza absoluta y ésta es que sabemos del mundo únicamente lo que nos parece que parece, por sobreentendido y tonto que suene. Sabemos lo que otros a nuestro alrededor nos dicen... y lo creemos. Nos informamos de lo que la gente cree o siente que pasó, pero jamás estamos ciertos o seguros de que efectivamente así fueron las cosas.
La verdad es única. La realidad es única. Sólo puede haber una correcta interpretación de las cosas, y eso es el conocimiento puro. Sin embargo, tanto la verdad, como la realidad al igual que una verdadera interpretación, probablemente son cosas que ningún ser humano ha conocido en su vida con respecto de cualquier cosa.
Viene a mi mente aquel pensamiento de William Blake:
Si las puertas de la percepción quedaran depuradas, todo se habría de mostrar al hombre tal cual es: infinito.¿Cómo conocer la verdad de la realidad de las cosas si todo el tiempo inventamos cosas para tratar de conocer aquello que no podemos conocer? El tiempo fue inventado para mesurar las acciones que realizamos. Clasificamos las cosas por año, por día, por mes, por minuto, por segundo... ¿Tiene eso sentido? Por supuesto que lo tiene, ya que todo eso la humanidad lo ha creado a partir de lo que puede comparar y atribuirle un valor relativamente exacto. Según nuestro ritmo de vida atribuimos valores de rápido o lento, monótono o variado, dinámico o letargoso, pero todo es hecho según podemos darnos certidumbre. Tal vez eso no importe demasiado, pero es signo innegable de que todo nos lo inventamos para creer que podemos confiar en un mundo desconfiable.
Cuando comemos un alimento empaquetado, confiamos en que sea higiénico. Cuando saludamos a alguien y nos trata con amabilidad, confiamos en que sea una persona sincera. Cuando nos dormimos por la noche, confiamos en que nuestra casa nos protegerá hasta el otro día y nos permitirá despertar para un nuevo día lleno de emociones y situaciones nuevas. No obstante, al paquete de pastelillos rellenos que al que acabamos de dar un mordisco podría tener semen de alguien en la crema que creemos deliciosa; la persona que nos sonríe día a día, bien podría hablar pestes de nosotros a todos los demás sin que nos podamos enterar; una fuga de gas podría hacernos explotar en medio de la noche para dejarnos con una última visión en la que somos devorados por lobos sedientos de sangre por causa de una terrible pesadilla.
Cosas por el estilo. También podría darse el caso contrario, y que el alimento que pensamos chatarra en realidad tenga nutrientes que nos benefician y desconocemos el bien que nos hacen. La persona que creemos nos odia podría estar muriendo de amor por nosotros, y cada noche nos escribe un poema dedicado para después recostarse y suspirar completamente embelesada al pensar en nuestra imagen. Nuestra casa podría propiciar que nuestro sueño fuera el más reparador y confortante posible.
Para bien o para mal, si es que puede hablarse de eso, siempre hay incertidumbre. El miedo y el horror a la duda, nos hace atribuirle a todo un valor bueno para evitar pensar que estamos en peligro. Huimos de él. Y al igual que con el tiempo, nos inventamos que las circunstancias que podemos apreciar en el momento tienen un valor cierto. Pero no pensamos en el tiempo cuando creemos que lo hacemos, sólo podemos valorar la velocidad de las cosas.
Creemos en la apreciación de nuestros sentidos, pero sólo miramos las circunstancias... el espacio y la velocidad de la interacción de lo que sea que esté. No hay tiempo para nosotros, aunque pensemos en el pasado, el presente o el futuro. Sólo hay acciones. Si sólo tenemos una limitada certeza de las cosas que hacemos, ¿cómo poder pensar en planes a futuro, a corto plazo, a largo plazo, o lo que sea?
Siempre hay algo que se desconoce, y sólo cuando la manifestación de esto es inmensamente monstruosa, podemos ver que todo lo que creíamos conocer del mundo no es más que un amargo recuerdo. Y lo único que podemos hacer es imaginar que sabemos que todo saldrá bien, aunque tenemos muy claro que no sabemos qué sucede en estos tiempos, ni qué sucederá en tiempos venideros.
Sólo podemos confiar ciegamente en que nuestro esfuerzo y bondad serán considerados por alguien alguna vez, mientras esperamos que el tiempo nos lleve por un buen camino, y no nos devore en una imagen sangrienta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario