miércoles, 21 de enero de 2015

Natalia

Perfección

Desdicha y tristeza; melancolía y nostalgia.
La luz iluminaba el sendero de mi vida; parece haberse perdido para mí.
Nada es predestinado; presente que es mutante.
Mi alegría no osa ver la luz del sol por una temporada.
Me he deshabituado de la soledad; es todo hoy.
Habré de poner en orden mis asuntos; luego buscaré una luz distinta.
Ciertamente estoy atrapado en una vorágine de confusión; me acosan recuerdos de compañías mentalmente presentes, manifestándose inquietantes y ampliamente melancólicas.
No se aparece un solo resplandor, por insignificante que sea, la vida permanece oculta. Son coincidencias las que me acompañan; me aterran mis fantasías.
¿No es mi realidad la misma, acaso, que la de las demás personas?
No llegaré a ver las bondades de la vida.
Se aleja mi pericia, en estos tiempos de cruel avaricia.
Me acabó el hecho de no ver la situación tal cual se presenta.
Para mí soy todo y nada soy para los demás.
Soy indiferente al mundo entero; carezco de relevancia.
No hay interesados en el infeliz; me devuelvo sobre mis pasos y regreso al inicio, que al final es tan triste como nuestro suplicio.
Servicios de nada: no tengo intención otra que resistirme al impulso de ser arrastrado por lo mejor que ofrece este paraje.
Prefiero hundirme lentamente sin avanzar ni retroceder.
Tantas veces soñé con maravillarme ante lo más hermoso que hubiera de presentarse en mi infausta y miserable carencia de vida, mas cuando ocurre en este preciso instante no aprecio otra que melancolía y desdicha, a la vez que pienso: definitivamente, la perfección es existente y se halla frente a mis ojos.
Pero la desprecio.
La vida es la luz de un matiz completamente diferente de lo que siempre anhelé.

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