miércoles, 21 de enero de 2015

Tania

La primera noche de mis desvelos es esta. Hoy me declaro totalmente cautivado por la más bella mujer que en mucho tiempo he visto. Su nombre es hermoso pero no más que su rostro. Ella es la luz de mis tiempos de obscuridad, la que con singular gracia me ha mostrado lo que es una verdadera beldad.

¿Es ella un sueño o realmente puedo deleitar a mis poderes de percepción con tan buen ser celestial? Cada noche sueño con ella, y no es exageración mía; no puedo en la verdadera realidad, saludarla cada día, aunque diariamente recibo su abrazo. Mi mente y mi corazón aparentemente desean estar con ella, mas, a pesar de que creo ser capaz de reconocer quién es mi ángel verdadero y quién la del sueño, sigo siendo incapaz de distinguir la naturaleza del sentimiento que intenta ligarme a ella.

¿Cómo superé tal óbice? Fue sencillo advertir una profunda diferencia entre la realidad y la ficción. Me ha bastado con los abrazos que ella me da. Ningún sueño, por más vívido que sea, puede equipararse al calor de sus brazos, la suavidad del aroma de su cabello o el goce que me despierta el contacto con su cuerpo esbelto.

La veo poco y la extraño. Esto me consterna. La hermosa Tania de mis sueños no está a la altura de la verdadera y se ha convertido en mi asesora. No es otra cosa que la sombra de mi verdadera pasión, pero me ayuda al estudio de lo que creo sentir por la verdadera Tania de los abrazos. Mi desdicha se hace presente. Alguien más ha ganado su corazón. Eso me llena de rabia, de ira. Quiero amarla, pero no sé cuán dañino podría ser para ella que siquiera intente acercarme. No he tomado buenas decisiones a lo largo de los últimos años y ella me atrae y su figura me doblega, su ojos me seducen y mis manos tiemblan cuando saben que están a punto de tocarla. Realmente estoy sufriendo mucho.

¿Pero en qué punto sería yo capaz de permitirme el impulso de salir a la lluvia a gritarle a la tormenta por abandonarme a tan triste y cruel delirio al reconocer mi adoración por la divina Tania sin siquiera hacer el intento de enamorarla?

Sé que la quiero pero no creo ser capaz de discernir los límites de tal querencia, porque a veces deseo únicamente desnudarla, besarla, acariciar sus pechos y masajear su sexo. ¡Beber de ella! Mirarla retorcerse de placer mientras la amo. ¡Y luego viene el arrepentimiento! ¡La angustia! ¿Cómo un ser tan hostil, mezquino, altanero, mentiroso, conservador y narcisista como yo podría acercar su despreciable cuerpo a tan gloriosa criatura? ¡Quiero amarla! ¡Quiero amarla y no sé cómo! ¡No distingo los límites de lo correcto, lo real, o siquiera de cómo mirarla! ¡Me confunde! ¡Me confunde y no tolero que tenga tanto poder sobre mí cuando no se lo propone! ¿Por qué me gusta tanto? No quiero estropear la posibilidad de tener una amistad con ella.

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