¿Existe
un espectro para todos?
Tanto como nuestra cultura
individual lo permite, admitimos como nuestra una identidad que en lo real no
es otra cosa que identificación. El individuo común pasa casi toda su a-dolescencia
constituyéndose los ideales que habrán de sentar las bases de su concepción
ideológica en la madurez.
Es lógico y aceptable deducir que a través de
la experiencia que el vivir circunstancias que en su juventud jamás se habría
imaginado terminará por arrancar de raíz todas aquellas concepciones para
sustituirlas por otras, sin embargo, existen algunas que por más que uno idealice
y diverja de los demás sólo puede construirse y jamás quebrarse: el naciona-lismo.
Si bien el nacionalismo,
como ideología, toma a una nación como la predilecta para servir de referente
fraterno a una comunidad política que involucra tanto a la nación como al
Estado, es relevante y menester mencionar que todo esto en sí mismo no existe.
Y en efecto existen muchas
maneras de pensar con respecto de la inexistencia del naciona-lismo, ya que
pensarse como una gran familia por el hecho de compartir un territorio que
otros señores, en el pasado, por ambición se disputaron en guerras sangrientas
es algo que a muchos ya les ha parecido absurdo o inverosímil, e incluso le han
dedicado libros ente-ros al tema.
Para mí es necesario ver qué
es lo que en esencia cree un hombre común como naciona-lismo debido a que
quienes hacen la historia no son los que la escriben sino los que la
viven.
Cada
quien con su fantasma.
Es un hecho que en cada
casa, sector, barrio, distrito, delegación, municipio, entidad fede-rativa… las
decisiones generales de quienes ostentan el poder afectarán sus vidas, ya que
son ellos quienes administran los recursos públicos y se esfuerzan por delimitar
las liber-tades de quienes integran la nación. Muchas decisiones a unos les
parecerán acertadas, a otros no tanto; los de aquí pensarán que una gestión es
útil, los de allá dirán que es inefi-ciente; gente dice que el gobierno trabaja bien, gente dice que el gobierno se
roba el dine-ro y sirve para nada.
Opiniones son varias, sin
embargo los conceptos de nación de cada individuo varían con respecto de lo que
han visto e infieren que la nación en sí misma podría llegar a ser o que es a
pesar de información adversa.
Tener un concepto sólido de
nación, es algo que ni escuelas, ni familias y menos los fun-cionarios públicos
pueden lograr que la nación misma aprenda como si fuera una tabla de
multiplicar o una nueva forma de organización sanitaria. Para definir a una
nación se re-quieren ciertos parámetros que no pueden ignorarse y que definen
la práctica del indivi-duo dentro de su entorno social.
Tales parámetros, según me
he esforzado en definir, son los siguientes:
·
Concepto de humano-nación.
·
Concepto de grupo-nación.
·
Concepto de gobierno-nación.
·
Concepto de territorio-nación.
Lo primero que un ser humano
social llega a definir es su concepto de grupo-nación, esto es la forma en la
que un grupo es capaz de organizarse y trabajar en conjunto, ya sea en tiempos
de bonanza o de desgracia, así como en todo grado intermedio. Ya sea a partir
de las virtudes o deficiencias del grupo-nación, el humano puede generar un
concepto de humano-nación, donde establecerá para sí mismo las características
que un individuo debería tener para poder ser miembro de una nación digna.
Dichas características ideales son comparadas con las características reales
del o los grupos-nación y dependiendo de cuan distantes se encuentren, cada uno
las clasificará como buena, mediocre o mala na-ción.
El adjetivo dependerá de
concepto de gobierno-nación, que es la evaluación resultante de programas
públicos llevados a puerta por el gobierno y su impacto en la sociedad.
Tam-bién serán valuados con respecto del concepto de grupo-nación y los
<<calzones con rajita de canela expuestos a los rayos del sol>> de
cada funcionario público lo llevarán a encon-trar un juicio ante el concepto de
humano-nación de cada individuo.
El territorio-nación será
valorado con los recursos que es capaz de brindar entre el aprove-chamiento
neto de estos por la nación. Si son muchos recursos y poco provecho, se habla
rá de una nación floja, tonta…todo dependerá de la noción que cada individuo
tenga con respecto de los primeros tres conceptos mencionados.
He oído de boca de
compañeras y compañeros de la licenciatura que la nación sólo “está compuesta
por los individuos que habitan dentro del territorio nacional”, pero para mí,
explicar qué es la nación va más allá de los miembros que la integran.
Una nación es como un cuerpo
humano, integrado por diferentes sistemas y aparatos que le permiten subsistir
a través de circunstancias que dependen en vitalidad de su forma de
organización. Si un órgano importante comienza a fallar, traerá perjuicios a
todo el orga-nismo. Si en una nación la educación falla, que no sea sorpresa
cuando la producción del país caiga y el orden social comience a volverse en
caos.
Siendo un hecho que en cada
región hay diferentes contextos, que a la vez están integra-dos por contextos
más particulares, que van a una multiplicidad de circunstancias que convierten
a cualquier estudioso social en un charlatán y embustero por no dar cuenta mas
que de problemáticas generales, ¿cómo es posible que algo como un amor al país
y el orgullo de formar parte de la nación que lo integra pueden ser realidad
para muchas personas?
En realidad, ya he
respondido tal pregunta, pero la dejé tan en el aire, que sería hermoso poder
ver aterrizar la idea con el párrafo siguiente. Por lo general, cada uno de los
huma-nos para valorar su nación tiende a enfocarse más en alguno de los
conceptos que mencio-né con anterioridad. Por ejemplo, si tiene algún tipo de
héroe [ya sea uno que provenga de la historia nacional, de su entorno social
próximo…] se enfocará a creer que es posible que los humanos de su nación
lleven a cabo acciones que mejorarán las condiciones de vida de los demás
integrantes de la nación y creerá que ésta depende de personas seleccionadas
por la naturaleza, el destino, la divinidad, por el amor a la patria…
Mientras tanto, alguien que
está acostumbrado a vivir en comunidad, apoyarse en sus ve-cinos, trabajar en
equipo y otras, se enfocará a creer que la estabilidad y el progreso de una
nación, depende de la organización entre sus miembros. Otros más involucrados
en labores públicas dependientes del gobierno creerán que una nación en
progreso es aquella que cuida el gobierno con programas de asistencia y
seguridad social. Personas en la naci-ón, creerán que el potencial de las
tierras y sus recursos naturales pueden llevar en ascen-so a la misma y hay que
valorar lo que se tiene.
Cada uno vinculará sus
afectos a la bandera de su nación y contemplará con orgullo la tela de la
esperanza de un progreso que puede darse o se está dando…sólo es cuestión de
hacer algo.
Por supuesto, que todo amor
a una nación no sólo se da de manera tan romántica y delei-tante. También puede
darse en circunstancias desfavorables. Tal sería el caso de las dicta-duras y
gobiernos represores en donde el pueblo oprimido se siente miserable ante la
si-tuación que lo cubre, pero éste sabe que no es culpa del país, el país
sufre…el pueblo su-cumbe ante la tiranía y cuando mira la bandera lo que ve es
la esperanza de revertir o sub-vertir la hegemonía para darle un giro nuevo a
la organización del país ya que los grupos-nación
pueden lograr el cambio.
Ejemplos en la historia hay
muchos. Los casos de Stalin en Rusia, Mussolini en Italia, Hit-ler en Alemania.
En lo particular, éste último refleja cómo es posible inducir un naciona-lismo
a un grupo específico mediante promesas de crecimiento. Hitler se encargó de
po-ner en forma al partido y después vio la manera de convertirse en partido
único para la gente y les habló de cómo se <<desperdiciaba>> dinero
en discapacitados y como las ga-nancias de los judíos eran extraídas de sus
bolsillos para comprar una casa en Sión.
Queda claro que un fantasma
como lo es un símbolo nacional puede mover los hilos de una nación si alguien
se alía con él. Pero es importante considerar también, que si bien nos unimos
en cuestiones irrelevantes como una competición deportiva en la que un
re-presentativo nacional participa, también habría que unirnos para ayudar a
gente al alcan-ce de nuestro contexto, pues comprar una bandera o una camiseta
convierte a nadie en un mejor nacionalista, sólo en un inmundo consumista.
Excelente entrada. :D
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