domingo, 13 de mayo de 2012

El fantasma de la ideología nacionalista


¿Existe un espectro para todos?


Tanto como nuestra cultura individual lo permite, admitimos como nuestra una identidad que en lo real no es otra cosa que identificación. El individuo común pasa casi toda su a-dolescencia constituyéndose los ideales que habrán de sentar las bases de su concepción ideológica en la madurez.

 Es lógico y aceptable deducir que a través de la experiencia que el vivir circunstancias que en su juventud jamás se habría imaginado terminará por arrancar de raíz todas aquellas concepciones para sustituirlas por otras, sin embargo, existen algunas que por más que uno idealice y diverja de los demás sólo puede construirse y jamás quebrarse: el naciona-lismo.

Si bien el nacionalismo, como ideología, toma a una nación como la predilecta para servir de referente fraterno a una comunidad política que involucra tanto a la nación como al Estado, es relevante y menester mencionar que todo esto en sí mismo no existe.

Y en efecto existen muchas maneras de pensar con respecto de la inexistencia del naciona-lismo, ya que pensarse como una gran familia por el hecho de compartir un territorio que otros señores, en el pasado, por ambición se disputaron en guerras sangrientas es algo que a muchos ya les ha parecido absurdo o inverosímil, e incluso le han dedicado libros ente-ros al tema.

Para mí es necesario ver qué es lo que en esencia cree un hombre común como naciona-lismo debido a que quienes hacen la historia no son los que la escriben sino los que la viven.    



Cada quien con su fantasma.


Es un hecho que en cada casa, sector, barrio, distrito, delegación, municipio, entidad fede-rativa… las decisiones generales de quienes ostentan el poder afectarán sus vidas, ya que son ellos quienes administran los recursos públicos y se esfuerzan por delimitar las liber-tades de quienes integran la nación. Muchas decisiones a unos les parecerán acertadas, a otros no tanto; los de aquí pensarán que una gestión es útil, los de allá dirán que es inefi-ciente; gente dice que el gobierno  trabaja bien, gente dice que el gobierno se roba el dine-ro y sirve para nada.

Opiniones son varias, sin embargo los conceptos de nación de cada individuo varían con respecto de lo que han visto e infieren que la nación en sí misma podría llegar a ser o que es a pesar de información adversa. 

Tener un concepto sólido de nación, es algo que ni escuelas, ni familias y menos los fun-cionarios públicos pueden lograr que la nación misma aprenda como si fuera una tabla de multiplicar o una nueva forma de organización sanitaria. Para definir a una nación se re-quieren ciertos parámetros que no pueden ignorarse y que definen la práctica del indivi-duo dentro de su entorno social.

Tales parámetros, según me he esforzado en definir, son los siguientes:
·         Concepto de humano-nación.
·         Concepto de grupo-nación.
·         Concepto de gobierno-nación.
·         Concepto de territorio-nación.

Lo primero que un ser humano social llega a definir es su concepto de grupo-nación, esto es la forma en la que un grupo es capaz de organizarse y trabajar en conjunto, ya sea en tiempos de bonanza o de desgracia, así como en todo grado intermedio. Ya sea a partir de las virtudes o deficiencias del grupo-nación, el humano puede generar un concepto de humano-nación, donde establecerá para sí mismo las características que un individuo debería tener para poder ser miembro de una nación digna. Dichas características ideales son comparadas con las características reales del o los grupos-nación y dependiendo de cuan distantes se encuentren, cada uno las clasificará como buena, mediocre o mala na-ción.

El adjetivo dependerá de concepto de gobierno-nación, que es la evaluación resultante de programas públicos llevados a puerta por el gobierno y su impacto en la sociedad. Tam-bién serán valuados con respecto del concepto de grupo-nación y los <<calzones con rajita de canela expuestos a los rayos del sol>> de cada funcionario público lo llevarán a encon-trar un juicio ante el concepto de humano-nación de cada individuo.

El territorio-nación será valorado con los recursos que es capaz de brindar entre el aprove-chamiento neto de estos por la nación. Si son muchos recursos y poco provecho, se habla rá de una nación floja, tonta…todo dependerá de la noción que cada individuo tenga con respecto de los primeros tres conceptos mencionados.

He oído de boca de compañeras y compañeros de la licenciatura que la nación sólo “está compuesta por los individuos que habitan dentro del territorio nacional”, pero para mí, explicar qué es la nación va más allá de los miembros que la integran.

Una nación es como un cuerpo humano, integrado por diferentes sistemas y aparatos que le permiten subsistir a través de circunstancias que dependen en vitalidad de su forma de organización. Si un órgano importante comienza a fallar, traerá perjuicios a todo el orga-nismo. Si en una nación la educación falla, que no sea sorpresa cuando la producción del país caiga y el orden social comience a volverse en caos.

Siendo un hecho que en cada región hay diferentes contextos, que a la vez están integra-dos por contextos más particulares, que van a una multiplicidad de circunstancias que convierten a cualquier estudioso social en un charlatán y embustero por no dar cuenta mas que de problemáticas generales, ¿cómo es posible que algo como un amor al país y el orgullo de formar parte de la nación que lo integra pueden ser realidad para muchas personas?

En realidad, ya he respondido tal pregunta, pero la dejé tan en el aire, que sería hermoso poder ver aterrizar la idea con el párrafo siguiente. Por lo general, cada uno de los huma-nos para valorar su nación tiende a enfocarse más en alguno de los conceptos que mencio-né con anterioridad. Por ejemplo, si tiene algún tipo de héroe [ya sea uno que provenga de la historia nacional, de su entorno social próximo…] se enfocará a creer que es posible que los humanos de su nación lleven a cabo acciones que mejorarán las condiciones de vida de los demás integrantes de la nación y creerá que ésta depende de personas seleccionadas por la naturaleza, el destino, la divinidad, por el amor a la patria…

Mientras tanto, alguien que está acostumbrado a vivir en comunidad, apoyarse en sus ve-cinos, trabajar en equipo y otras, se enfocará a creer que la estabilidad y el progreso de una nación, depende de la organización entre sus miembros. Otros más involucrados en labores públicas dependientes del gobierno creerán que una nación en progreso es aquella que cuida el gobierno con programas de asistencia y seguridad social. Personas en la naci-ón, creerán que el potencial de las tierras y sus recursos naturales pueden llevar en ascen-so a la misma y hay que valorar lo que se tiene.

Cada uno vinculará sus afectos a la bandera de su nación y contemplará con orgullo la tela de la esperanza de un progreso que puede darse o se está dando…sólo es cuestión de hacer algo.

Por supuesto, que todo amor a una nación no sólo se da de manera tan romántica y delei-tante. También puede darse en circunstancias desfavorables. Tal sería el caso de las dicta-duras y gobiernos represores en donde el pueblo oprimido se siente miserable ante la si-tuación que lo cubre, pero éste sabe que no es culpa del país, el país sufre…el pueblo su-cumbe ante la tiranía y cuando mira la bandera lo que ve es la esperanza de revertir o sub-vertir la hegemonía para darle un giro nuevo a la organización del país ya que los  grupos-nación pueden lograr el cambio.

Ejemplos en la historia hay muchos. Los casos de Stalin en Rusia, Mussolini en Italia, Hit-ler en Alemania. En lo particular, éste último refleja cómo es posible inducir un naciona-lismo a un grupo específico mediante promesas de crecimiento. Hitler se encargó de po-ner en forma al partido y después vio la manera de convertirse en partido único para la gente y les habló de cómo se <<desperdiciaba>> dinero en discapacitados y como las ga-nancias de los judíos eran extraídas de sus bolsillos para comprar una casa en Sión.

Queda claro que un fantasma como lo es un símbolo nacional puede mover los hilos de una nación si alguien se alía con él. Pero es importante considerar también, que si bien nos unimos en cuestiones irrelevantes como una competición deportiva en la que un re-presentativo nacional participa, también habría que unirnos para ayudar a gente al alcan-ce de nuestro contexto, pues comprar una bandera o una camiseta convierte a nadie en un mejor nacionalista, sólo en un inmundo consumista.


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