Introducción.
La escuela popular o escuela para la vida tiene sus orígenes
en los trabajos de Johann Heinrich Pes-talozzi, quien aplicó tal sistema en su
casa ‘Neuhof’ [hilandería y tejeduría] en Suiza, posteriormen-te en Stanz y luego en el Instituto de Yverdon. En dichos centros, Pestalozzi establece un
sistema para alfabetizar y enseñar oficios útiles para los niños dentro de su
sociedad. Basándose en la crí-tica social de Rousseau en El Contrato Social y en su observación de la realidad, Pestalozzi
escribió Velada de un Solitario [o Velada de un Ermitaño] donde critica a
quienes se preocupan más por lo material [Vacas y borregos] que por la
educación y cuidado de sus hijos. Más tarde escribe Leonar-do y Gertrudis, la primera novela pedagógica popular y
después Mis Investigaciones sobre el
curso de la naturaleza en la evolución de la humanidad. Después hombres
como Ivan Illich y Paulo Freire trabajaron en países como Puerto Rico, México,
Estados Unidos, Brasil y Chile, en ayuda de quie-nes no tienen los medios
adecuados para poder aprender a leer y escribir. El primero estaba en contra de
la existencia de las escuelas, el segundo en contra de la educación bancaria.
Natural-mente ninguno de los antes mencionados tuvo una visión pedagógica
dentro de su formación, ya que Pestalozzi y Freire estudiaron la jurisprudencia
e Illich filosofía, no obstante se involucraron dentro de los problemas de
injusticia social. Henry Giroux y Peter McLaren, constructores de teo-rías que
han conformado junto con Freire la pedagogía crítica, han dedicado gran parte
de sus vi-das a la investigación y la explicación de los fenómenos sociales que
afectan a la educación. Ante un
antecedente nulo de la comunidad integrada por “Huascaleca”, “Cinco de Mayo” y “Ermita”,
entre otras, y la inexistencia de un enfoque pedagógico, mi actividad en esta
visita es la de realizar una pequeña acotación sobre tal comunidad para
encontrar todo aquello que impide una buena labor de la Brigada de Educación
Popular proveniente del cubículo que conforma parte del Colec-tivo Carlos Marx.
La Comunidad.
La “supuesta comunidad” ubicada en el municipio de
Chichiquila se encuentra aislada de muchos de los medios de comunicación. La
inmensa mayoría se encuentra en un grado de pobreza casi extrema en donde el
primer problema que reluce al visitar las casas es el de la planificación
fami-liar [dudo que siquiera alguien se quiera involucrar en ello]. Dado que la
visita ha ocurrido en el periodo de la denominada <<semana santa>>
en dicho sitio, no pude saber cómo se lleva a cabo la vida de los individuos
que habitan allí en un ambiente normal para ellos. Pude advertir que en Er-mita
hay casas más conjuntas y mayor comunicación entre los miembros del sector; son
más pro-gresistas. En Cinco de mayo las casas se pueden ver más dispersas y con
un número de hijos mayor por casa [aunque la desviación estándar no sería de
diferencia muy significativa si se hiciera un censo en cada área]. Son
demasiado aprensivos y tienden a tener menos contacto con la gente. En la
región de Huascaleca, hay [lo que puede considerarse de un modo relativo] más
urbanización y existe más juventud entre los 13 y 20 años andando por las
calles. Es posible deducir que hay una facilitación en Ermita para poder
trabajar, que en Cinco de Mayo debe trabajarse más y que en Huascaleca no hubo
una acción manifiesta de interés de la Brigada por crear algo.
La Brigada.
En el primer día que estuve allí, pude notar que Diego se
sentía muy en ambiente familiar, a dife-rencia del resto que se expresaban con
un miedo en cada una de sus acciones y les impedía inte-ractuar familiarmente
con los habitantes de la casa. Caheri hablaba demasiado entre dientes y pude
notar que <<Bety>> no oía muy bien en ocasiones lo que él decía y
se limitaba a asentir. No importando
mucho los habitantes de allí [los niños de la casa] no ocultaron sus intenciones
de evi-tarnos y huir lo más rápido de nosotros. [Primer factor por el cual
consideré que no importaría mucho el hecho de irme del lugar], siempre se
buscaba estar en otros lugares, no hubo mucho diá-logo entre la Brigada y los
locales, a excepción de una ocasión nocturna en que la más anciana del sitio,
la <<abuelita>> relató una historia que no alcancé a escuchar
puesto que mi posición me permitía contemplar la escena y saber quién escuchaba
por interés y quien por obligación. Luego de comprender que cortar leña no era
un oficio en el que yo fuera muy ducho, se desayunó y se comió, entonces fuimos
a jugar fútbol, pero al finalizar el “partido” pero me saca de contexto el hecho de que se hayan sentado a
platicar de lo ajeno a la comunidad. Fue muy extraño, fue como si esperaran a
alguien más para poder interactuar. No hubo más intentos de acercamiento.
Se visitó a un señor de nombre Fortino
que se hacía cargo de algún tipo de organización de la co-munidad para saber
cómo poder tener acceso a las escuela del sector, luego de haber asistido con
otros dos [El Director de la Escuela y la Presidente del Comité] y fracasar nos
dividimos en grupos [Diego, Natalia y Leyva/Caheri, Federico y Yo], se logró
debido a un reconocimiento por parte de los hijos de quien podía dar pie de
entrada a la escuela y fueron los de la Liga quienes gozaron del beneficio.
Federico se mostraba respetuoso, mas su estatura contrastaba demasiado con
Caheri y conmigo que somos un par de enanos, y ello desbalanceó un tanto el ánimo de nuestro receptor.
Aunque era evidente que allí no les
gusta perder el tiempo, la segunda vez que se les visitó acom-pañados de la
Liga, todos saludaron de mano a quien podía dar acceso a la escuela e incluso
mencionaron sus nombres, aunque el sujeto no parecía interesado- ni lo estaba
en sí mismo.
Sin duda es una gran consternación para mí ver el hecho de que
conforme se va avanzando a lo largo de los años, lo único que parece tener
sentido en las escuelas de educación popular es el hecho de tomar las cosas
como una inmensa mole de inutilidad basada en supuestos freireanos mal
aplicados como se verá en la siguiente parte.
Los Talleres de Composta.
Tiempo había transcurrido para entablar ciertas actividades en el
plano de lo metodológico en las primeras dos tardes cuando me di cuenta de que
a pesar de querer verse involucrados con la gente cuyo hábitat estaba yo
explorando por primera vez no existía un verdadero vínculo o búsqueda de este
en los miembros de la brigada. Todas las actividades se planeaban a las cuatro
de la tarde, hora en la que era común ver caer la lluvia. Era un horror
pedagógico desde mi punto de vista. Se anunciaron tres reuniones para lograr
los talleres en cada una. Fue un momento difícil pues yo necesitaba ver qué
necesitaba la Brigada para poder armar un plan de acción. Todo lo querían
iniciar con los <círculos de cultura>, todo un fiasco. Parecía más una
miseria lluvia de ideas previa a una explicación más que un verdadero círculo
de cultura freireano. La práctica estaba mal y sería oportuno que diseñara un
curso de capacitación para la Brigada con base en el método freireano.
En esencia, desde mi parecer, la estructura de los talleres de
iniciar con lluvias de ideas más que generación de definiciones a partir de
conceptos, dibujar antes que hacer, y diversas cosas que me dan ira el solo
hecho de recordar fue como ver el método freireano vomitado por su falta de
asimilación y engullido por una deformidad montessoriana que después defecó lo
que ellos realizaron.
El trato de la Brigada.
Como en otras ocasiones siendo el ejemplo cuando fui, con mi
entonces novia Luna, a Chiapas, tomé un palo para defenderme de las posibles
bestias que podrían atacarme tales como perros, insectos venenosos o reptiles
ponzoñosos. Esto le pareció al resto de
mis compañeros una excentricidad muy inútil, sin embargo fui elogiado por un
nativo al estar preparado para defender el pellejo.
La Brigada siempre se refería a los habitantes de Chichiquila como
si fueran animales callejeros que uno busca adoptar, lo cual me indignó
demasiado. Siempre siguiéndoles el juego pero evidenciando lo malo que era
referirse a la religión. Todos allí eran católicos y lo más lógico era hablarles
en términos que ellos pudieran vincular a sus vidas, pero para mis compañeros
se trataba más de mantener todo feliz en detrimento de un verdadero efecto de
desarrollo en quienes se buscaban ayudar.
Conclusiones.
Viendo
todo aquello, me quedó claro que los verdaderos problemas sociales están íntimamente vinculados con la falta de
educación sexual y planificación familiar así como la falta de humanización en
las prácticas educativas denominadas como <<populares>>.
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