domingo, 14 de julio de 2013

¿Dónde está?

 Debe meditarse el placer, pero también la miseria y la desgracia; sin separarlos ya que son parte de una misma cosa. Y existen... persisten: son ésas que a madres hacen llorar por las hijas perdidas, aquellas que tanto acallan a los marginados por su condición de insignificancia, las mismas que devoran la bondad de cuantos habitamos bajo el ala de la ingenuidad. Y son: injusticias.

Fingir y cubrirse de una apariencia falsa. Eso pierde el sentido si se quiere vivir el ahora, pero cobra una gran relevancia cuando se quiere entender el hoy. Y es una palabra curiosa: hoy: la máxima expresión del status quo. Uno insatisfactorio; uno que a tantas les duele; uno que a tantos desprecia; uno que a tantos desaparece. Y es abominablemente triste, porque implica pérdidas que jamás debieron ser... que jamás debieron suceder, ni generar el duelo, obra de la muerte, del crimen y del asedio constante de la impotencia.

¿Por qué me engañas? ¿Por qué me raptas? ¿Por qué me hieres? ¿Porque desgarras mi candor con tus colmillos de horrores? ¿Qué hice para que quieras neutralizarme? Y ahora, ¿por qué me exhibes? ¿Por qué no piensas en el suplicio que me obligas a atravesar? ¿Por qué me violas? ¿Por qué te turnas con otros para arrebatarme un instante que pudo haber sido de inmensa alegría para ambos? ¿Qué te hace apuntar a mi sien con esa arma? ¿Por qué me matas? ¿Por qué me abandonas semidesnuda en el desierto? ¿Acaso a nadie le importa?

Y sólo alguien cuya alma ha sido gangrenada por la indiferencia mezquina puede no hacer estas preguntas mientras escucha los hechos. Son horrores. ¿Son falsedades? Y no: son terribles verdades... realidades crueles que ocurren y que cada quien procura olvidar para seguir viviendo día con día.

¡No me olvides! ¡Dejé de respirar pero aun sigo viva! ¡Mis ojos miran exangües hacia la nada, pero todavía pueden ver! ¡Mi cuerpo está frío y rígido, pero mi corazón sigue latiendo!

Nadie debe olvidarlas. Ellas están con nosotros, y permanecemos amándolas. Ellas son la razón de nuestra sed, de nuestra hambre... de nuestra necesidad.

Seguimos sin poder recordar, beber, comer, y es nuestra carestía. Y sigue la misma pregunta para todo esto: ¿Dónde está la justicia?

No hay comentarios:

Publicar un comentario