Todo ha servido para darme cuenta de que soy egoísta, insensible, demasiado exigente, explotador, burlón y cobarde. Todo lo que hice para arreglarme y forjar en mí un carácter terminó estropeándose por un detalle que sobreestimé.
El error fue tener sólo una esperanza. Eliminé toda otra esperanza, mas dejé vivir la única irrealizable y para deshacerme de ella tuve que volver al principio.
Aprendí mucho, me eduqué a la perfección. Me dí la forma que muchos grandes han anhelado y por un amor de ilusión lo tiré todo al suelo lleno de estiércol, esparciendo todo cuanto me había costado tanto esfuerzo y sacrificio obtener como si se tratase de un vómito causado por una fiebre intensa producida por algo que mi ser rechaza nauseabundo.
Me sorprendí buscando ayuda divina y al no obtenerla regresé al punto de inicio. Entonces me dí cuenta de que el único modo de recobrar lo que gané en estos cuatro años es arreglar todas las cuentas pendientes.
Debo recordar lo que considero como justo o por más que sepa, no habré aprendido algo.
¿Por qué será que necesito un ojo vigía para hacer las cosas bien? Aparento mucho si se me tiene en la mira y trabajo mejor que todos, pero internamente soy un caos. En cuanto se me da autonomía exagero en flexibilidades.
El hecho de ver un gran número de coincidencias fruto de casualidades cuyas causalidades desconozco o doy valor de muy probables me divide. Ante las aparentes señales veo un camino que al ser obedecido me reporta beneficios y progreso; pero también existe la duda de si se trata de algo que busco, pero mi lado consciente por orgullo u otra cosa no me permite admitir.
Veo las situaciones, la reflexiono y llego a cierta conclusión, que se refuerza por medio de circunstancias cuyas decisiones no están en mis manos. ¿Cómo puedo adjudicarme responsabilidad inconsciente si no soy quien elige tales sendas?
O finalmente la esquizofrenia y la paranoia han irrumpido en mi mente o esto es un vil teatro lleno de manipulaciones conductistas, que a conciencia he seguido.
¿Por qué lo único que me hace olvidar todo y centrarme en el presente es beber alcohol? De igual modo termino haciendo todo menos lo que debo. Y por extraño que parezca, el alcoholismo es lo único que me mantiene cuerdo.
Tal vez las injusticias que cometí y consideré nimias, deben ser explicadas y resueltas. Asumí una responsabilidad en el momento en el que decidí afectar las vidas de otros sin culpa y sólo asumiendo con entereza las consecuencias podría alcanzar redención.
Si algo he aprendido es que realmente no he difamado a alguien desde años atrás, ni hecho sentir a alguien mal sin motivo, o dado un adjetivo a alguien o algo sin que se haya hecho acreedor a tal.
Tal vez sólo sea que veo el mundo en un plano lejano de la juventud donde la humanidad avanza lento por su propia incompetencia. Quizá sea porque otros también sientan el impulso de volver todo algo de lo cual reírse en lugar de dedicarle la existencia.
Posiblemente deba volver a recuperar aquel lado de mi que me obligaba a hacer las cosas como se debían hacer y no como yo las quería hacer.
Pudiera ser que una pose sensual llegara a lo profundo de mi inconsciente para trastornar mi proceso e intentara convertirme en todo aquello que sé que no sirve y significa un lastre para el verdadero avance.
La respuesta que me parece más sensata es la de regresar a exigirme y retomar mi línea de trabajo en lugar de buscar aprender más habilidades. Tal vez he olvidado lo social y ello implica que a pesar de la habilidad me vuelva un inútil.
Soy como el mal amigo que luego de mucho tiempo de no verte te trata como si te hubiera visto el día anterior.
En otro sentido, literal y no metafórico, no soy 'como' simplemente SOY.
Tal vez el mundo simplemente no me importa, ni la gente que me rodea. Tal vez estoy resentido porque siempre he perdido lo que le da sentido a mi vida. Tal vez aún me culpo por todo lo que pasó y mantengo todo esto como un castigo para darme un escarmiento.
Tal vez nada me ha importado siempre y sólo finjo que me importan porque creo que es lo que los demás quieren oír. A decir verdad, todo me aburre y casi siempre finjo pasármela bien, pero sólo observo conductas que después puedo pulir en lo que escribo.
Por contradictorio que parezca, cuando alguien demuestra interés en lo que hago, también me interesa. Si alguien desconfía de mí, respondo con ambigüedades. Si alguien no me quiere cerca basta con su mirada para que no volvamos a vernos...o al menos a hablarnos.
¿Será que simplemente se trata de un narcisismo inmenso que choca con la tremenda culpa de lo hecho?
¿Será que un lado de mí conoce lo que soy capaz de hacer y dar para beneficio y armonía, pero otro lado mío reconoce que también soy capaz de hacer y dar maleficio?
Quizá la indiferencia es lo único que tengo para evadir el miedo que me da saber realmente quién SOY.
No soy ni lo que hago, ni lo que se piensa de mí...ni siquiera lo que pienso yo mismo de mí.
Soy lo que soy capaz de hacer con la mejor de las destrezas, incluyendo lo que pocas veces me he atrevido a hacer.
Nadie sabe quién es hasta que las circunstancias lo guían a descubrirlo.
Tal vez sólo soy un berrinchudo que no sabe interrelacionarse y se junta con los que puede hacerlo más fácilmente y lo único que sabe hacer es pensar en cómo explicar su propia ineptitud mientras trata de imitar las introspecciones de Spider-man.
Ahora bien. Tras revisar ciertos datos y algunos detalles de todo cuanto he escrito en psicoanálisisyteorías... creo haber encontrado el punto crucial que evoca extremos.
Sería tan tonto como el narrador que aparece en 'La muerte lenta de Luciana B.' cuando cuestiona su esquema de un mundo azaroso al notar que lanzando diez veces una moneda existen seguidillas.
Como aparece más abajo he de hacer constar que lo mínimo, si es que se trata de establecer panoramas generales, es utilizar un dado y una moneda. El dado ubicará en sus caras la representación de ámbitos (amistad, amor, trabajo, dinero, sexo, pasatiempos, salud, familia) y la moneda tendrá las valoraciones (valor, positivo; águila, negativo). Repasándolo, me dí cuenta de que también podría establecer grados entre las acciones, o bien las caras del dado (aniquilación, catástrofe, reparable, avance, progreso y consolidación). Con la moneda sería dejar mucho en la vaguedad, con el dado sería volver más difícil establecer una serie factible de sucesos.
Entonces elegí tomar la decisión de optar por todos aquellos deseos que he mantenido en silencio para olvidarme de seguir las supuestas señales que llegan a mí. Ver cómo caían las caras en el segundo procedimiento me hizo darme cuenta de que he visto lo que mi narcisismo me hacía querer ver, que en combinación con la disciplina que adquirí con el experimento -en lo referente a la no intervención y alejamiento de tentaciones- me hicieron armar un camino imaginario que sólo tenía sustento en suposiciones y valoraciones exageradas.
Tras el aislamiento durante el periodo del maltrato a terceros, que tuvo tiempo en los dos primeros años, comencé a tener 'molinos de viento' y 'Mayors Boobage'. Era mi error creer que yo sólo podía ser apreciado o deleznado. Pero en el cuarto año, con todos los datos recopilados, pude ver que tenía la alternativa de la indiferencia y trabajé sobre ella, hasta el grado en que fui capaz de percibirla, concebirla y vivir con ella.
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