lunes, 20 de octubre de 2014

Una verdadera historia de TERROR: Karenina

"La chica de mis sueños"

Los sueños son una forma de manifestación de las tensiones que no se han podido desahogar. Desentrañar los secretos de un sueño en ocasiones puede parecer muy siemple, pero en otras es demasiado difícil. Algunas personas incluso aseguran que los sueños son la entrada de nuestra alma en el mundo de los espíritus, donde a veces podemos admirar el purgatorio, el cielo o el infierno. El alma explora el mundo metafísico que nos espera de acuerdo a lo que habite en nuestra mente y según los deseos que tengamos. En completa oposición, otras personas reconocen a las manifestaciones oníricas como un modo de descargar los anhelos más profundos y más reprimidos que se tienen.

Cualquiera que sea la teoría que cada quien desee aplicar a esta historia, estoy seguro de que todas las perspectivas concordaran en que los sueños de esta persona no auguran nada bueno. Se trata de un muchacho de quince años que tiene sueños recurrentes en los que aparece una joven que él asegura jamás ha conocido. Este muchacho asevera que antes de soñar con esa chica, era muy raro el sueño que podía recordar, tratándose siempre de sueños que carecían de secuencia lógica y durante los cuales existían vacíos de contenido.

El primer sueño en que la joven apareció, él recuerda haberla visto llorando detrás de la reja de una casa que le quedaba de paso al regresar de la escuela. Él trató de acercarse a ella para averiguar la causa de su llanto. Aunque renuente en un principio, finalmente accedió a contarle el motivo de sus lágrimas. No tenía hogar ni familia a quien recurrir, por lo que había vivido en la calle durante semanas, alimentándose de cuanto podía robar o conseguir que le regalaran. El muchacho le ofreció su casa como nuevo hogar, pues se compadeció de ella ya que asegura su belleza era muy melancólica y atrayente. Después de haber tenido ese sueño, él pasó por la casa en la que había encontrado a la muchacha, pero allí nadie estaba. Únicamente se trataba de un sueño.

Gradualmente, los sueños en que aparecía la joven fueron haciéndose más frecuentes y cada vez más dotados de realidad y una línea lógica más definida. Las pláticas que llevaba con ella eran cada vez más profundas y personales. Él asegura que conforme fraternizaba con ella su empatía con la gente real iba reduciéndose y también su frialdad ante el dolor de los demás aumentaba. Cuenta él que cuando su hermano menor fue hospitalizado por una enfermedad pulmonar, su reacción careció de cualquier tipo de alarma o preocupación. También asegura que la presencia de otras personas comenzó a molestarlo y fue aislándose cada vez más, al grado que llegó a preocupar al prefecto de la escuela, pues pensó que tenía problemas con las drogas.

Todos a su alrededor asumieron que eran cambios naturales de la edad. Es un hecho que una época difícil para reconocer problemas psicológicos es la adolescencia, al menos para quienes no están especializados en el campo. Entonces tenía catorce años. Sin ningún motivo aparente, él desarrolló una fobia a la luz del sol, insistiendo en que no podía ver cuando había luz pero que era perfectamente capaz de distinguir las formas en la obscuridad. La extrema rareza que manifestaba lo convirtió en un blanco de burlas en la escuela y los rumores sobre él comenzaron a brotar como el musgo en la humedad.

Una noche, sus padres escucharon un estrépito en su cuarto. Muy asustados, corrieron hasta la habitación del chico, encontrándolo tirado en el suelo y con todas sus pertenencias desperdigadas por el piso. Quedaron anonadados al contemplar la escena, pues el ruido que oyeron fue demasiado efímero como para considerar que él hubiera tirado sus cosas durante un arranque de ira. El ruido que escucharon fue como si de súbito todo cayera al piso. Se negó a dar detalles a sus padres, pero más adelante, durante análisis, él aseguró que aquella noche tuvo una fuerte pelea con la chica de sus sueños, pues ella lo había invitado a huir de su casa y acompañarla a un lugar mejor. Cuando se negó a hacerlo, ella reaccionó con una furia mórbida y comenzó a golpearlo. Sin que pudiera darse cuenta de cómo, ella había crecido varios centímetros y su musculatura se había desarrollado demasiado. Al lograr despertarse, se encontró sobre el piso con su cuarto hecho una desgracia. Sus padres se dedicaron a darle reprimendas por lo que había hecho a sus cosas, siendo incapaces de notar que él desde esa noche tenía un inmenso pavor a dormir otra vez. Pasó casi cinco días sin dormir.

Su madre llegó del trabajo un par de horas después de que el sueño lo venciera. La mujer escuchó gritos desesperados que provenían del cuarto de su hijo. Al abrir la puerta, encontró a su hijo retorciéndose de modo convulso y con el torso cubierto de sangre. Continuaba dormido. Las uñas de su mano izquierda tenían trozos de su propia carne y tenía heridas profundas en el pecho. Una vez en el hospital, los médicos se encargaron de los análisis de su situacion, descubriendo que la carne en las uñas del muchacho no era suya sino de otra persona y que las heridas en su pecho habían sido hechas con los dientes, pero no realizadas por un animal, sino por una dentadura humana. Aunque la policía intervino en el caso, él se negó a dar más detalles.

Ya en sesión, aseguró que, luego de decirle a la chica de sus sueños que nunca más quería volver a verla y que lo dejara en paz, ella arremetió contra él, lo inmovilizó tomándolo por los antebrazos y comenzó a morder su carne, diciéndole que se comería su corazón. Con más desesperación que destreza, logró zafar una de sus manos y arañó el rostro de su atacante, consiguiendo apartarla de sí. Estaba seguro de que moriría de no ser porque su madre apareció para despertarlo y llevarlo al hospital.

Además de lo que ahora he relatado, hay muchas otras cosas que el muchacho se niega a contar. No obstante, finalmente se logró que dijera el nombre de la chica que aparece en sus sueños: Karenina. Yo y mis colegas de la misma institución estábamos seguros de que se trataba de un caso de abuso por parte de alguno de los padres. Semanas después asistimos a un congreso de psicoanálisis en Argentina. Todo iba bien durante el evento, hasta que un colega colombiano presentó el caso de una chica que había sido atacada durante sus sueños por una mujer llamada Karenina. No sabemos si ambos casos se han desarrollado debido a la exposición a algún contenido perturbador como un libro, una película o algo semejante, pero sí reconocemos que al escuchar nuestra historia en labios de otra persona, nos resultó algo verdaderamente pavoroso.


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